El aumento del consumo de pescados y mariscos durante la Semana Santa representa una tradición profundamente arraigada en nuestro país, pero también plantea riesgos significativos en términos de seguridad alimentaria. Según Javiera Godoy Herrera, especialista en seguridad de los alimentos de la Universidad Andrés Bello, es vital que los consumidores tomen precauciones al momento de adquirir estos productos. La normativa vigente, estipulada en el Reglamento Sanitario de los Alimentos, establece que los pescados y mariscos deben provenir de establecimientos autorizados y que garanticen las condiciones adecuadas de manipulación, almacenamiento y comercialización. Comprar en el comercio informal o en tiendas sin control sanitario puede exponer a los consumidores a productos de origen incierto y, potencialmente, contaminados.
Una de las principales preocupaciones en la seguridad alimentaria relacionada con los productos del mar es el mantenimiento de la cadena de frío. Estos alimentos son extremadamente susceptibles al deterioro si no se mantienen adecuadamente refrigerados o congelados desde su captura hasta su consumo. Godoy Herrero advierte que cualquier interrupción en este proceso puede provocar la proliferación de microorganismos peligrosos, incluso si el pescado o marisco no muestra alteraciones visibles. Por tanto, se recomienda seleccionar productos que estén en hielo, exhibidos en vitrinas refrigeradas o debidamente congelados, y transportarlos rápidamente a casa para minimizar riesgos.
La frescura de los pescados y mariscos es otro criterio que los consumidores deben considerar al momento de realizar su compra. Para evaluar la frescura del pescado, es esencial que los ojos sean brillantes y no estén hundidos, que la piel conserve su humedad natural y su apariencia brillante, y que la carne sea firme y elástica al tacto. Un olor intenso o desagradable es un claro indicador de que el producto no está en buen estado. En el caso de los mariscos, las conchas deben estar cerradas o reaccionar al ser tocadas, lo que indica que están vivos. Estos son indicadores básicos que los consumidores pueden utilizar para orientarse hacia una compra más segura y confiable.
La preparación adecuada de los pescados y mariscos es otro aspecto crucial que no debe subestimarse. Muchas personas creen erróneamente que el jugo de limón puede «cocinar» los alimentos, pero esto no elimina microorganismos patógenos ni asegura la inocuidad de los mismos. La única forma efectiva de reducir los riesgos es mediante una cocción completa de los productos. Godoy Herrera recomienda eliminar esta creencia y optar por preparar los pescados y mariscos adecuadamente, asegurando que se alcancen las temperaturas necesarias durante el proceso de cocción.
Por último, en el hogar, las buenas prácticas de higiene son fundamentales para prevenir enfermedades alimentarias. La especialista destaca la importancia de evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos, así como la necesidad de lavar adecuadamente las manos y los utensilios utilizados en la preparación. Además, es fundamental conservar los productos refrigerados hasta el momento de cocinarlos. Estas medidas son esenciales para proteger la salud de la población y garantizar que el disfrute de pescados y mariscos en Semana Santa se realice en un marco de inocuidad alimentaria.




