La reciente oleada de violencia en colegios, especialmente el significativo incidente ocurrido en Calama, ha encendido las alarmas dentro del sistema educativo chileno. La directora de la Escuela de Educación Iplacex, Ana María Tello, ha manifestado en su carta al director la necesidad urgente de revisar cómo se está abordando la convivencia escolar. A pesar de las políticas existentes que buscan mejorar esta convivencia, se observa que las medidas adoptadas en muchas instituciones tienden más a implementar controles que a fomentar ambientes preventivos y colaborativos. Este enfoque, en lugar de reforzar la paz y la convivencia, puede generar un ambiente de desconfianza y temor entre estudiantes y educadores.
El uso de tecnología como detectores de metales ha sido visto como una solución necesaria, pero Tello resalta su insuficiencia si no se acompaña de una mirada socioemocional que promueva el buen trato y el sentido de comunidad en el aula. Según la directora, es crucial no solo identificar las problemáticas, sino también entender las condiciones que permiten que se desarrollen estos conflictos. La solución no radica únicamente en respuesta rápida a situaciones de crisis, sino en implementar planes de trabajo que realmente transformen la cultura escolar hacia una convivencia más positiva y proactiva.
Uno de los puntos clave que menciona Ana María Tello es la sobrecarga que enfrenta el Encargado de Convivencia en las escuelas. Este profesional, vital para la mediación de conflictos y la promoción de un ambiente escolar saludable, a menudo no cuenta con el tiempo ni el apoyo técnico especializado que necesita para realizar su labor efectivamente. Tello enfatiza que para lograr una convivencia efectiva se requiere de equipos formados y capacitados que puedan intervenir adecuadamente en el día a día, asegurando una atención constante y oportuna a las dinámicas de los estudiantes.
El desafío de mejorar la convivencia escolar va más allá de la reacción a los problemas existentes. Tello argumenta que se debe trabajar en la construcción de un vínculo profundo con las familias, aunque reconoce que, en muchos casos, estas pueden estar ausentes. Esto implica un esfuerzo adicional para recuperar la escuela como la primera institución socializadora del ser humano, un espacio donde los valores de respeto, tolerancia y empatía sean parte del currículo. La formación integral de los estudiantes no solo se basa en el conocimiento académico, sino también en el desarrollo emocional y social que les permita interactuar de manera saludable con el mundo que los rodea.
Finalmente, la directora Tello concluye que se necesita un cambio de paradigma en la formación de los profesionales de la educación. No es suficiente que dominen su asignatura; deben poseer las herramientas para facilitar la construcción de una comunidad solidaria y respetuosa dentro de la escuela. Al garantizar un entorno escolar saludable, se está sembrando la posibilidad de construir una sociedad más sana en el futuro. La educación tiene un papel crucial en la formación de ciudadanos responsables y empáticos, y es responsabilidad del sistema educativo asegurar que cada niño y niña tenga acceso a una experiencia formativa que valore yPriorice la convivencia.




