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10 años de Transantiago: ¿Un sistema perfectible?

Hablemos claro. Desde que comenzó el gobierno de Michelle Bachelet, varios políticos comenzaron de inmediato a preparar su campañas para el período 2018-2022, principalmente  con la aparición del Caso Caval y las sucesiva baja aprobación de la mandataria.

Si bien ya  es algo típico de las campañas electorales, hay que mencionar que nunca se habían postulado tantos candidatos para el cargo y, lo que es peor,  sin mayores propuestas, ideas o proyectos de ley para los problemas que debe enfrentar a diario la ciudadanía y que, constantemente, se lo hacen ver a la clase política del país.  

Un ejemplo de este ha sido el Transantiago, uno de los temas que más ha generado controversia en el mundo político y que ha debido enfrentar tres gobiernos sin mayores cambios. Con casi 10 años tras su implementación, el sistema sigue con deficiencias en una ciudad que no se detiene en crecer. El metro colapsado en todo horario, falta de recorridos, frecuencia y mal estado de los buses, son algunos de los problemas que afectan la calidad de vida de los santiaguinos.

Ricardo Lagos, ex Presidente, actual candidato y artífice del vilipendiado transporte de la capital, ha sostenido sistemáticamente que falta construir más líneas de Metro para que funcione a la perfección este sistema, desviando astutamente las críticas a su labor en este plan de transportes. Sin embargo, las críticas abundaron y el tema quedó en stand by, sin mayores análisis por parte de Lagos ni de los otros candidatos presidenciales.

Una encuesta anual de la Universidad Católica Silva Henríquez, denominada “Percepción de la población pobre de Santiago sobre servicios básicos y transporte público al año 2015 y visión evolutiva desde el año 2003”, realizada por el investigador Marcelo Yáñez, concluyó que entre los servicios básicos, el Transantiago sigue siendo el peor evaluado por las dueñas de casa y jefes de hogar de las comunas del sector poniente de Santiago.

Además, el investigador realizó una comparación con la aprobación que tuvo en su momento las micros amarillas, ya que el Transantiago aún no logra la conformidad que obtuvo el antiguo sistema de transporte. Asimismo, los encuestados responsabilizan al Estado y las municipales por las deficiencias.

Por otro lado, un informe realizado por el Directorio del Transporte Público Metropolitano (DTPM), ha indicado que los usuarios evalúan con nota 4.3 el sistema. Además, un 51% de las personas pone una calificación que oscila entre un 1 y un 4.

También se preguntó por el servicio de las operadoras, las que tuvieron una nota bajo cinco. Redbus -empresa que posee 646 buses y 57 servicios-obtuvo la mejor puntuación con un 4,8, la misma calificación que recibió Metro. La peor percepción correspondió a Alsacia & Express (30% de los recorridos de la capital) que obtuvo un 4,4.

En cuanto a la valoración hecha  de los recorridos usados por las personas, los consultados ponen una nota baja: de un 4,7, en 2014, se alcanzó un 4,6, el año pasado.

También se consultó a los pasajeros por los tiempos de espera, los cuales un 52 % indica que espera más de 11 minutos en las paradas de bus, mientras que el 12% declaró que el servicio puede llegar a pasar en 20 minutos o más.

Cabe destacar que desde que se inició el sistema, la evaluación de los usuarios se mantenido en estos niveles, con alguna y otra alza, pero nunca ha logrado posicionarse por sobre el 6.0. Tras casi una década de su implementación y de la mediática campaña que tenía como protagonista a Iván Zamorano, cabe preguntarse: ¿será un sistema “perfectible” en el tiempo o se debe implementar otro plan? ¿Será necesaria la construcción de más líneas de metro para que el sistema sea de mejor calidad, tal como indicó el ex Presidente Lagos?

Lo concreto es que los santiaguinos ya no quieren y no pueden esperar más. Es un asunto de observar el metro en horario punta, el tráfico en las autopistas- que fueron concesionadas a privados durante el gobierno de Lagos- y el estado de los buses.

En esta campaña presidencial se deben debatir nuevas ideas a un sistema que requiere mayor innovación y que esté acorde a las necesidades de los santiaguinos, principalmente de quienes lo utilizan a diario y pasan más de dos horas promedio en un bus o en el metro.

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